Al alborear el día,
campanas lanzan al vuelo,
olvidando el desconsuelo,
y llorando de alegría
con sonora algarabía
la tristeza del pecado,
pues Cristo ha resucitado
regalándonos la suerte
de haber vencido la muerte
que nos tiene desterrados.
jueves, 21 de agosto de 2008
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