sábado, 8 de octubre de 2011

91.- Depresión

Por las calles retorcidas
de esta vida, que es mi pueblo,
calles de pena y olvido,
callejeas devericuetos,
voy borracho de congoja
perdido en mis pensamientos.
Llevo a la espalda la lacra
de dos ojos medio ciegos,
que si lo fueran del todo,
quizás yo sufriera menos.
Si no tuviera tu fe,
aunque poca, pero tengo,
el suicidio me arrastrara
para huir de este tormento.
Pero Dios, tengo tu fe,
y haz que ella vaya en aumento,
porque a veces me parece
que ésta ya se va perdiendo.
No permitas, Padre Dios,
que venga, en mí, el desaliento,
que con tu fe y esperanza
camine, aunque medio ciego.
Hay veces que estoy tan solo
que me siento casi muerto.
¡Qué poca entereza, Dios,
tengo yo en sufrimiento!
El cuchillo del olvido
en mi alma se está hundiendo,
manando la sangre muerta,
muerta de olvido y desprecio.
Pero Dios mio, ¿qué digo?
esto no puede ser cierto,
porque tú resides
no puede haber desaliento.

miércoles, 13 de abril de 2011

90.- No llores más

No llores más Isabel
que tu marido no ha muerto.
Tu marido está lidiando
en el redondel del cielo,
donde no existe la muerte,
donde el vivir es lo eterno.
No llores más Isabel
que tu marido no ha muerto.
Las lágrimas ya no brotan
de tus ojos de misterio,
porque cascadas de llanto
dejaron tus ojos secos.
No llores más Isabel
que tu marido no ha muerto.
Desde allí te está mirando,
desde allí te está queriendo,
desde allí te está brindando
la muerte del toro negro,
del toro, que aquí en la tierra,
te llenó de desconsuelo.
No llores más Isabel
que tu marido no ha muerto.
Lo llevan a hombros las nubes
dando la vuelta en el cuelo,
porque el que es bueno en al tierra
ha de triunfar en lo eterno.
No llores más Isabel,
deja tu llanto ya quieto,
que ese amor que tú le tienes,
amor imperecedero,
compártelo con tu hijo
que te dejó el gran torero.

89.- A la muerte de Paquirri

Un veintiseis de septiembre,
en una plaza de pueblo,
el gran matador Paquirri,
el torero entre los toreros,
con su arte y con su valor
era maestro en el ruedo.
Cortó triunfante una oreja
en ese toro primero...
pero al salir el segundo,
Avispado, toro negro
con dos puñales por astas,
dos puñales traicioneros,
en un lance de su capa
quedó prendido en los cuernos.
¡Ay toro de mala vaca!
¡toro de pavor y miedo!
¡toro de cuernos sangrantes!
heriste a mi buen torero.

El aire resonó
un quejido, como un trueno,
la vida del matador
se iba en la arena perdiendo.
Ya no hay faena en la plaza,
el olé se hizo silencio
y un repeluco de espanto
se paseó por el ruedo.

Ya no toreas aquí,
ahora lidias en el cielo
para que los serafines,
en su barrera de ensueño,
peudan aplaudir tu arte
en el redondel etéreo.
Ya no brindas a los hombres,
ya brindas a los luceros...

En Pozoblanco triunfaste
y de allí volviste muerto.
El cálido sol de otoño
ya no pudo ver tu entierro
y se tapó entre las nubes,
nubes de luto y misterio.

jueves, 11 de febrero de 2010

88.- El pozo

Eres como el seno, pozo,
de una mujer que amamanta,
eres la boca en la tierra
donde las palabras manan.
Eres símbolo de amor
de mujer samaritana.
En tu redondel, ¡oh pozo!
de paredes blanqueadas,
la lagartija verdosa
en tu blancura contrasta.
Aquí dormita el buen grillo
en la mañana rosada,
al terminar el concierto
de la noche ya pasada.
Muy cerca de ti se encuentra
¡oh pozo! que manas agua,
con su cansino chillar,
la monótona chicharra.
Las avispas, calurosas,
son bailarinas que danzan
con traje amarillo y negro,
buscando el frescor de tu agua.
El herraje que te ciñe,
es corona que te abarca,
una corona de verde,
verde color de esmeralda.
Allá en el fondo, de noche,
sobre tu espejo de plata,
la luna, en su coqueto,
en tu redonde se encuadra:
¡Pozo que guardas suspiros
de mujer enamorada!
En el fondo de tu seno,
agua transparente y clara,
donde se espeja la luna,
mujer de la madrugada.
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