Es una ciudad oculta,
abandonada en el tiempo,
de lápidas blanqueadas,
de escondidos esqueletos.
El ciprés, que crece en tí,
con su mirada hacia el cielo,
es el árbol de la vida
que va anunciando en el tiempo,
que el vivir de aquí, en la tierra,
se repite como el eco.
Cuidad de blancas paredes,
cuidad de silencio espeso,
cuidad de calles marcadas,
por el dolor y el silencio.
¡Cuántos miran hacia tí
llenos de terror y miedo!
¡Cuántos te miran también,
ansioso de tu deseo!
Eres cuidad olvidada
en el camino y el tiempo.
Cuidad de flores postizas
que se mueren en silencio,
de flores que no perfuman,
porque el perfume no es bueno.
Ciudad, que en la noche, sola
te quedas con tu silencio.
¡Cuánta paz se oculta en tí!
¡Cuánta paz! ¡Cuánto sosiego!
Cuidad de lápidas blancas
carcomidas por el tiempo.
Ciudad que albergas en tí
aquellos seres que han muerto.
domingo, 31 de agosto de 2008
sábado, 30 de agosto de 2008
75-El abuelo
A la puerta de la casa,
de aquella casa de pueblo,
todos los días se sienta
el abuelo.
Una gorrilla, ya vieja,
oculta su blanco pelo,
blanco de tanto sufrir
el abuelo.
Lleva el terno que tenía
el día del casamiento,
ese terno que ha guardado
el abuelo.
En su camisilla blanca,
que tiene un botón de menos,
lleva bordado su nombre
el abuelo.
Sus ojos apenas ven,
se han gastado con el tiempo,
de tanto llorar, también
el abuelo.
En sus labios temblorosos,
un cigarrillo renegro.
Susurrante y pensativo
el abuelo.
Las dos manos sarmentosas,
con entrecruzados dedos,
se apoyan en el bastón
del abuelo.
Esas manos que cavaron
el endurecido suelo,
esas dos manos temblonas
del abuelo.
Lentamente va pasando,
los días de su silencio,
soñando en sus aventuras
el abuelo.
de aquella casa de pueblo,
todos los días se sienta
el abuelo.
Una gorrilla, ya vieja,
oculta su blanco pelo,
blanco de tanto sufrir
el abuelo.
Lleva el terno que tenía
el día del casamiento,
ese terno que ha guardado
el abuelo.
En su camisilla blanca,
que tiene un botón de menos,
lleva bordado su nombre
el abuelo.
Sus ojos apenas ven,
se han gastado con el tiempo,
de tanto llorar, también
el abuelo.
En sus labios temblorosos,
un cigarrillo renegro.
Susurrante y pensativo
el abuelo.
Las dos manos sarmentosas,
con entrecruzados dedos,
se apoyan en el bastón
del abuelo.
Esas manos que cavaron
el endurecido suelo,
esas dos manos temblonas
del abuelo.
Lentamente va pasando,
los días de su silencio,
soñando en sus aventuras
el abuelo.
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jueves, 28 de agosto de 2008
74-El perro
Apacible y silencioso,
acurrucado en el suelo
con admiración eterna
sentado está el perro.
Sus ojos son dos cristales
donde se espeja el reflejo
de un amor sin condiciones,
pensando está el perro.
El perro, que te acompaña,
en verano y en invierno,
compartiendo tus dolores...
soñando está el perro.
Es un amigo leal,
es tu compañero, abuelo,
aquel que no te abandona...
callado está el perro.
Cuando de día recorre
contigo, el rudo sendero,
en tu lento caminar...
sumiso está el perro.
Cuando tus ojos cansados
lo buscan, en el silencio,
él se levanta cansino...
atento está el perro.
Abuelo, cuando te quejas,
con ese dolor del miedo,
acurrucado y callado...
llorando está el perro.
Cuando tu mano temblona
le acaricia el negro pelo,
abre más grandes sus ojos...
velando está el perro.
acurrucado en el suelo
con admiración eterna
sentado está el perro.
Sus ojos son dos cristales
donde se espeja el reflejo
de un amor sin condiciones,
pensando está el perro.
El perro, que te acompaña,
en verano y en invierno,
compartiendo tus dolores...
soñando está el perro.
Es un amigo leal,
es tu compañero, abuelo,
aquel que no te abandona...
callado está el perro.
Cuando de día recorre
contigo, el rudo sendero,
en tu lento caminar...
sumiso está el perro.
Cuando tus ojos cansados
lo buscan, en el silencio,
él se levanta cansino...
atento está el perro.
Abuelo, cuando te quejas,
con ese dolor del miedo,
acurrucado y callado...
llorando está el perro.
Cuando tu mano temblona
le acaricia el negro pelo,
abre más grandes sus ojos...
velando está el perro.
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73-El loco
Ahí lo tienes, tan tieso,
todos le llaman el loco.
El loco, porque al andar
se va parando de pronto,
no camina como tú,
como yo, ni como todos...
que marchamos por la vida,
con senderos sinuosos,
sin pararnos a pensar
que esta vida no lo es todo.
Por eso, porque se para
todos le llaman el loco.
Porque no charla con nadie,
porque se le oye hablar solo...
como si al hablar con alguien,
en este mundo de sordos,
alguien, a escuchar tus quejas
se te ofreciera,a tí, un poco.
Porque no habla con nadie,
porque utiliza el monólogo...
y no pensamos, tal vez,
que también charlamos solos.
Porque le habla a las flores,
por eso le dicen loco.
¡Ay! cuántas veces charlamos
con la traición, con el odio,
con la hedionda basura
que encontramos en el lodo.
Porque se queda callado,
por eso le dicen loco...
y no vemos, que este mundo,
en medio de su coloquio,
es un silencio de muerte
y no nos llamamos locos.
todos le llaman el loco.
El loco, porque al andar
se va parando de pronto,
no camina como tú,
como yo, ni como todos...
que marchamos por la vida,
con senderos sinuosos,
sin pararnos a pensar
que esta vida no lo es todo.
Por eso, porque se para
todos le llaman el loco.
Porque no charla con nadie,
porque se le oye hablar solo...
como si al hablar con alguien,
en este mundo de sordos,
alguien, a escuchar tus quejas
se te ofreciera,a tí, un poco.
Porque no habla con nadie,
porque utiliza el monólogo...
y no pensamos, tal vez,
que también charlamos solos.
Porque le habla a las flores,
por eso le dicen loco.
¡Ay! cuántas veces charlamos
con la traición, con el odio,
con la hedionda basura
que encontramos en el lodo.
Porque se queda callado,
por eso le dicen loco...
y no vemos, que este mundo,
en medio de su coloquio,
es un silencio de muerte
y no nos llamamos locos.
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viernes, 22 de agosto de 2008
72-La rosa
La rosa no es una flor,
la rosa es un sentimiento
que va perfumando el viento
con su delicado olor.
La rosa roja es pasión
que, como llama encendida
va iluminando la vida
de encendido corazón.
La rosa blanca es pureza,
es sencillez, es candor,
es también rosa de amor
cuando el véspero la besa.
El rosal guarda con celo
a su coquetona rosa,
que esplendente y olorosa
se abre, mirando hacia el cielo.
A libar, la mariposa
en tu seno, se ha adentrado,
los celos ha despertado
de otra ya marchita rosa.
Las espinas de tu rama,
son un rudo carcelero,
son como garfios de acero,
que guardan tan limpia llama.
En tus hojas, el rocío,
reluce como centella,
es lágrima, que una estrella
envía a tu desafío.
A pavonear te invita
tu pétalo colorido,
pero sola en el olvido
quedas, cuando estás marchita.
Reina de aroma y color,
no presumas de hermosura,
lo bello, ¡qué poco dura
y cúanto dura el dolor!
la rosa es un sentimiento
que va perfumando el viento
con su delicado olor.
La rosa roja es pasión
que, como llama encendida
va iluminando la vida
de encendido corazón.
La rosa blanca es pureza,
es sencillez, es candor,
es también rosa de amor
cuando el véspero la besa.
El rosal guarda con celo
a su coquetona rosa,
que esplendente y olorosa
se abre, mirando hacia el cielo.
A libar, la mariposa
en tu seno, se ha adentrado,
los celos ha despertado
de otra ya marchita rosa.
Las espinas de tu rama,
son un rudo carcelero,
son como garfios de acero,
que guardan tan limpia llama.
En tus hojas, el rocío,
reluce como centella,
es lágrima, que una estrella
envía a tu desafío.
A pavonear te invita
tu pétalo colorido,
pero sola en el olvido
quedas, cuando estás marchita.
Reina de aroma y color,
no presumas de hermosura,
lo bello, ¡qué poco dura
y cúanto dura el dolor!
jueves, 21 de agosto de 2008
71-La vida
Por un camino de luz,
montada en caballo blanco,
una gentil amazona
pasa alegre caminando.
Sus cabellos son de oro,
su semblante sonrosado,
sus ojos de verde mar,
de mar tranquilo y pausado.
Sus labios son de coral
de una mor apasionado.
Sus manos son dos palomas
que , con un revuelo blanco,
van sembrando la esperanza
por este mundo olvidado.
La bandera que enarbola
en su nacarina mano,
va proclamando la vida
con victoria sobre el llanto.
Amazona de esplendor,
que alegre vas caminando,
no te alejes tan deprisa,
quédate conmigo al lado.
Inúndame de tu vida,
embrráchame en tu rastro;
si pudiera, yo quisiera,
montar contigo a caballo
y también enarbolar
un gallardete tan blanco,
como tu bandera blanca
con escudo esperanzado.
Amazona, llévame,
no me dejes olvidado.
Tu escudero deseara
ser, en tu camino largo.
Amazona de la vida,
¡qué amargo es el desengaño
cuando lenta e implacable
de mi te vas alejando!
montada en caballo blanco,
una gentil amazona
pasa alegre caminando.
Sus cabellos son de oro,
su semblante sonrosado,
sus ojos de verde mar,
de mar tranquilo y pausado.
Sus labios son de coral
de una mor apasionado.
Sus manos son dos palomas
que , con un revuelo blanco,
van sembrando la esperanza
por este mundo olvidado.
La bandera que enarbola
en su nacarina mano,
va proclamando la vida
con victoria sobre el llanto.
Amazona de esplendor,
que alegre vas caminando,
no te alejes tan deprisa,
quédate conmigo al lado.
Inúndame de tu vida,
embrráchame en tu rastro;
si pudiera, yo quisiera,
montar contigo a caballo
y también enarbolar
un gallardete tan blanco,
como tu bandera blanca
con escudo esperanzado.
Amazona, llévame,
no me dejes olvidado.
Tu escudero deseara
ser, en tu camino largo.
Amazona de la vida,
¡qué amargo es el desengaño
cuando lenta e implacable
de mi te vas alejando!
70-La Resurrección
Al alborear el día,
campanas lanzan al vuelo,
olvidando el desconsuelo,
y llorando de alegría
con sonora algarabía
la tristeza del pecado,
pues Cristo ha resucitado
regalándonos la suerte
de haber vencido la muerte
que nos tiene desterrados.
campanas lanzan al vuelo,
olvidando el desconsuelo,
y llorando de alegría
con sonora algarabía
la tristeza del pecado,
pues Cristo ha resucitado
regalándonos la suerte
de haber vencido la muerte
que nos tiene desterrados.
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69-El Santo Entierro
Entre las nubes sangrientes
de un anochecer doliente
llevan a Cristo yaciente
los escasos caminantes.
que con pasos vacilantes,
portan al sepulcro a Cristo.
Ningún ojo humano ha visto
tal soledad y tristeza,
sobre mi corazón pesa
y a llorar no me resisto.
de un anochecer doliente
llevan a Cristo yaciente
los escasos caminantes.
que con pasos vacilantes,
portan al sepulcro a Cristo.
Ningún ojo humano ha visto
tal soledad y tristeza,
sobre mi corazón pesa
y a llorar no me resisto.
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68-Cristo de la Caridad
Tu cuerpo desmadejado
en blanco lienzo de lino,
deja sembrado el camino
de rosas, y perfumado
con aroma delicado
que brota de tu bondad
desterrando la maldad,
y haz que brote de mi alma
el sosiego de la calma
Cristo de la Caridad.
en blanco lienzo de lino,
deja sembrado el camino
de rosas, y perfumado
con aroma delicado
que brota de tu bondad
desterrando la maldad,
y haz que brote de mi alma
el sosiego de la calma
Cristo de la Caridad.
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67-El descendimiento
En la tarde de la muerte
Señor, Divino Cordero
te bajaron del madero
dejando tu cuerpo inerte
en la que tuvo la suerte
de ser la Madre de Dios,
y así, fundidos los dos,
Hijo y Madre dolorosa,
el cardo se hizo rosa,
y el odio se hizo perdón.
Señor, Divino Cordero
te bajaron del madero
dejando tu cuerpo inerte
en la que tuvo la suerte
de ser la Madre de Dios,
y así, fundidos los dos,
Hijo y Madre dolorosa,
el cardo se hizo rosa,
y el odio se hizo perdón.
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66-La lanzada
ya muerto estás en la Cruz,
tu corazón no palpita,
y aquella lanza maldita
en tu pecho se hizo luz,
y como amargo altramuz
brotó tu sangre sagrada,
que da víctima inmolada,
regó nuestros corazones
colmándonos de perdones
¡Oh! Cristo de la Lanzada.
tu corazón no palpita,
y aquella lanza maldita
en tu pecho se hizo luz,
y como amargo altramuz
brotó tu sangre sagrada,
que da víctima inmolada,
regó nuestros corazones
colmándonos de perdones
¡Oh! Cristo de la Lanzada.
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65-Cristo de la Buena Muerte
Cristo de la Buena Muerte,
maestro del buen morir,
fíjate Tú en mi sufrir
pero no cambies mi suerte
de vivir cogido fuerte
a tu redentora Cruz,
para que inunda de luz
los recodos de mi alma
y así, retener la calma
de tu morir, buen Jesús.
maestro del buen morir,
fíjate Tú en mi sufrir
pero no cambies mi suerte
de vivir cogido fuerte
a tu redentora Cruz,
para que inunda de luz
los recodos de mi alma
y así, retener la calma
de tu morir, buen Jesús.
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64-La expiración
¡Oh! Cristo llegó el momento
de terminar tu agonía,
apenas la luz podía
contemplar ese tormento,
y escalofríos yo siento
al oír la exclamación
de tus labios, que perdón
por nosotros has pedido.
¡Cuánto te hemos ofendido!
Cristo de la Expiración.
de terminar tu agonía,
apenas la luz podía
contemplar ese tormento,
y escalofríos yo siento
al oír la exclamación
de tus labios, que perdón
por nosotros has pedido.
¡Cuánto te hemos ofendido!
Cristo de la Expiración.
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63- Las siete palabras
Siete palabras dijiste
Señor, desde el árbol santo
y entre lágrimas y llanto
¡cuántas ofensas sufriste!
y el perdón, que Tú nos diste,
cuando pediste perdón
en pago a tu redención,
y a tu Madre nos donaste
cuando Tú al Padre exclamaste
palabras de salvación.
Señor, desde el árbol santo
y entre lágrimas y llanto
¡cuántas ofensas sufriste!
y el perdón, que Tú nos diste,
cuando pediste perdón
en pago a tu redención,
y a tu Madre nos donaste
cuando Tú al Padre exclamaste
palabras de salvación.
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62-El buen ladrón
Entre ladrones, clavado,
estás Cristo del perdón
escuchando la oración
de Dimas, acongojado.
En tus ojos se ha mirado,
y arrepentido y sumiso
te reclamó lo que quiso,
y dirigiéndose a Ti
te dijo: "Señor, a mi
guárdame en el Paraíso."
estás Cristo del perdón
escuchando la oración
de Dimas, acongojado.
En tus ojos se ha mirado,
y arrepentido y sumiso
te reclamó lo que quiso,
y dirigiéndose a Ti
te dijo: "Señor, a mi
guárdame en el Paraíso."
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61-La exaltación
Con las manos taladradas,
con clavos de duro acero
elevaron el madero,
y tus manos desgarradas
son las mismas, que elevadas
claman por mi perdón.
Tienes de Dios corazón
y le entregas tu clemencia
a esta rendida conciencia
Cristo de la Exaltación.
con clavos de duro acero
elevaron el madero,
y tus manos desgarradas
son las mismas, que elevadas
claman por mi perdón.
Tienes de Dios corazón
y le entregas tu clemencia
a esta rendida conciencia
Cristo de la Exaltación.
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60-Jesus despojado
Cuando llegaste al Calvario
con la cruz de mis pecados,
los sayones, desalmados,
abrieron el relicario
convirtiendo en emisario
de nuestra redención
tu cuerpo de salvación.
Tu desnudez, Señor mío,
me llena de escalofrío
al ver tanta sinrazón.
con la cruz de mis pecados,
los sayones, desalmados,
abrieron el relicario
convirtiendo en emisario
de nuestra redención
tu cuerpo de salvación.
Tu desnudez, Señor mío,
me llena de escalofrío
al ver tanta sinrazón.
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59-Encuentro con la Verónica
Casi roto y sudoroso,
vacilante y dolorido
por la pena y el olvido.
Tú, que eres lo más hermoso,
nadie se atreve con gozo
a enjugar tu rostro santo.
¡Cuánto me aterra el espanto!
al ver tu rostro estampado
en el paño, que ha enjugado
las lágrimas de tu llanto.
vacilante y dolorido
por la pena y el olvido.
Tú, que eres lo más hermoso,
nadie se atreve con gozo
a enjugar tu rostro santo.
¡Cuánto me aterra el espanto!
al ver tu rostro estampado
en el paño, que ha enjugado
las lágrimas de tu llanto.
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58-Cristo de las penas
Sobre tu hombro, Señor,
llevas la pesada Cruz,
Cristo, que se haga la luz
y el odio se vuelva amor,
para que corra en mis venas
deseos de gracias plenas.
¡Ay! Señor, cuando yo veo
ayudarte el Cririneo
¡Quién lo fuera, con tus penas!
llevas la pesada Cruz,
Cristo, que se haga la luz
y el odio se vuelva amor,
para que corra en mis venas
deseos de gracias plenas.
¡Ay! Señor, cuando yo veo
ayudarte el Cririneo
¡Quién lo fuera, con tus penas!
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57-Pasión
De lirio llevas la cara
y amoratadas las manos,
Señor, mira a tus hermanos
con esa mirada clara
deja tu camino y para,
porque tu mirar divino
hace más dulce el camino
de nuestra marcha, sin luz.
Déjanos llevar tu Cruz
y amortigua mis espinos.
y amoratadas las manos,
Señor, mira a tus hermanos
con esa mirada clara
deja tu camino y para,
porque tu mirar divino
hace más dulce el camino
de nuestra marcha, sin luz.
Déjanos llevar tu Cruz
y amortigua mis espinos.
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56-El Gran Poder
La calle de la Amargura
se hizo custodia aquel día
encerrando la agonía
de tu marcha sin premura.
Lo amargo hiciste dulzura,
lo oculto lo hiciste ver,
el odio, se hizo querer,
y tus pisadas sonaban,
y las piedras exclamaban:
¡Ay! Cristo del Gran Poder.
se hizo custodia aquel día
encerrando la agonía
de tu marcha sin premura.
Lo amargo hiciste dulzura,
lo oculto lo hiciste ver,
el odio, se hizo querer,
y tus pisadas sonaban,
y las piedras exclamaban:
¡Ay! Cristo del Gran Poder.
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55-Triunfo de la Santa Cruz
Con las manos temblorosas
pero firmes, buen Cordero,
has recibido el madero,
que por sendas escabrosas,
con espinas y sin rosas,
vas a caminar, Señor
haciendo sendas de amor
aquellas, que son de espina,
alfombrándome el camino
con tu pena y tu dolor.
pero firmes, buen Cordero,
has recibido el madero,
que por sendas escabrosas,
con espinas y sin rosas,
vas a caminar, Señor
haciendo sendas de amor
aquellas, que son de espina,
alfombrándome el camino
con tu pena y tu dolor.
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54-La sentencia
Pilato te ha sentenciado,
como gran Pretor de Roma,
y en tu sentencia, se asoma,
el triunfo del Enviado,
para salvar del pecado
a gentiles y a romanos,
a todos seres humanos.
Y Pilato sin conciencia
ha firmado la sentencia
con una ablación de manos.
como gran Pretor de Roma,
y en tu sentencia, se asoma,
el triunfo del Enviado,
para salvar del pecado
a gentiles y a romanos,
a todos seres humanos.
Y Pilato sin conciencia
ha firmado la sentencia
con una ablación de manos.
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53-La presentación al pueblo
De espinas, ya coronado,
y con un cetro de caña
la muchedumbre se ensaña
contemplándote humillado,
con el rostro ensangrentado.
Yo a tu gran dolor me asomo.
Yo mi congoja me como
cuando Pilato a la gente,
se dirige complaciente
presentando al Ecce Homo.
y con un cetro de caña
la muchedumbre se ensaña
contemplándote humillado,
con el rostro ensangrentado.
Yo a tu gran dolor me asomo.
Yo mi congoja me como
cuando Pilato a la gente,
se dirige complaciente
presentando al Ecce Homo.
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52-Coronación de espinas
En tu cabeza divina
haciendo mofa real
coronándote tan mal
con la corona de espina,
y tu cabeza se inclina
con un tremendo dolor,
que convertiste en amor
a la infame Humanidad.
Jesús, te pido piedad.
Piedad a mi, buen Señor!
haciendo mofa real
coronándote tan mal
con la corona de espina,
y tu cabeza se inclina
con un tremendo dolor,
que convertiste en amor
a la infame Humanidad.
Jesús, te pido piedad.
Piedad a mi, buen Señor!
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51-Cristo atado a la columna
A la columna te ataron
cual inicuo malhechor.
¡Qué pena me das, Señor
cuando tu cuerpo azotaron
y hasta mis piernas temblaron!
Y Tú, pacible inocente,
sufriste ante tanta gente,
aquel placer del gentío.
¡Perdónalos, Cristo mío,
porque eres un Dios clemente.
cual inicuo malhechor.
¡Qué pena me das, Señor
cuando tu cuerpo azotaron
y hasta mis piernas temblaron!
Y Tú, pacible inocente,
sufriste ante tanta gente,
aquel placer del gentío.
¡Perdónalos, Cristo mío,
porque eres un Dios clemente.
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miércoles, 20 de agosto de 2008
50- Jesus ante Pilato
Pilato, gobernador,
observa en Tí cosa extraña,
pero su orgullo le engaña,
y no comprende el dolor
viendo en Tí tanto candor.
Ahora, si pudiera ser
el tiempo retroceder,
Pilato, yo me volviera
y así, la Humanidad viera
tu Soberano Poder.
observa en Tí cosa extraña,
pero su orgullo le engaña,
y no comprende el dolor
viendo en Tí tanto candor.
Ahora, si pudiera ser
el tiempo retroceder,
Pilato, yo me volviera
y así, la Humanidad viera
tu Soberano Poder.
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49-Jesus ante Herodes
Ante Herodes te llevaron
dolorido y ultrajado
y te viste despreciado.
Tu túnica te cambiaron,
tu nombre pisotearon
y te mantuviste recio,
con soberano silencio
las preguntas del tetrarca.
No hablaste, como en la barca.
¡Ay! Señor, ¡cuánto desprecio!
dolorido y ultrajado
y te viste despreciado.
Tu túnica te cambiaron,
tu nombre pisotearon
y te mantuviste recio,
con soberano silencio
las preguntas del tetrarca.
No hablaste, como en la barca.
¡Ay! Señor, ¡cuánto desprecio!
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48-Jesus ante Caifás
Después de casa de Anás,
Cristo, fuiste conducido
cual blasfemo fementido
a la casa de Caifás.
Señor, ya no puedes más
sufrir las iniquidades
de nuestras feas maidades.
¡Tanto sufrir para mí
y yo te respondo a Tí
con desprecio y soledades!
Cristo, fuiste conducido
cual blasfemo fementido
a la casa de Caifás.
Señor, ya no puedes más
sufrir las iniquidades
de nuestras feas maidades.
¡Tanto sufrir para mí
y yo te respondo a Tí
con desprecio y soledades!
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47-Jesus ante Anás
En la noche tenebrosa
te llevaron ante Anás,
y no pensaron jamás
que tu cara esplendorosa,
Cristo de la Faz hermosa,
pudiera ser ultrajada
con la inicua bofetada
que te diera aquel sayón.
Señor, te pido perdón...
y vuélvenos tu mirada.
te llevaron ante Anás,
y no pensaron jamás
que tu cara esplendorosa,
Cristo de la Faz hermosa,
pudiera ser ultrajada
con la inicua bofetada
que te diera aquel sayón.
Señor, te pido perdón...
y vuélvenos tu mirada.
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46-El cautivo
Con las manos enlazadas
por el cordel del pecado,
Señor, te han abandonado,
y por las sendas sembradas
de nuestras culpas taimadas,
caminas con paso vivo,
por las que yo, necio, escribo
frases de falso placer,
sin notar tu padecer
cuando te llevan cautivo.
por el cordel del pecado,
Señor, te han abandonado,
y por las sendas sembradas
de nuestras culpas taimadas,
caminas con paso vivo,
por las que yo, necio, escribo
frases de falso placer,
sin notar tu padecer
cuando te llevan cautivo.
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45-El beso de Judas
¡Qué pena me da, Señor!
cuando Judas, de puntillas
te ha besado en la mejilla
con ese beso traidor;
pero no siento dolor
que causan nuestros pecados,
como Judas, desalmados
te besamos, traicioneros,
pues nuestros besos postreros
son besos desconsolados.
cuando Judas, de puntillas
te ha besado en la mejilla
con ese beso traidor;
pero no siento dolor
que causan nuestros pecados,
como Judas, desalmados
te besamos, traicioneros,
pues nuestros besos postreros
son besos desconsolados.
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44-El Prendimiento
Las estrellas rutilantes
llorando con gran dolor,
al verte preso, Señor,
pues las luces vacilantes
de las antorchas sangrantes,
iluminan el momento
de pesar y sufrimiento,
en que Judas y soldados,
por el odio, envenenados,
hicieron tu Prendimiento.
llorando con gran dolor,
al verte preso, Señor,
pues las luces vacilantes
de las antorchas sangrantes,
iluminan el momento
de pesar y sufrimiento,
en que Judas y soldados,
por el odio, envenenados,
hicieron tu Prendimiento.
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43-La oración en el huerto
¡Ay! mi Dios arrodillado,
de noche, en Gestsemaní,
¡Cuántos sudores!, por mí,
sufriste desconsolado
los horrores del pecado
de insensata Humanidad
que se llena de maldad.
¡Que el ángel consolador
sea mi alma, Señor,
y te colme de bondad.
de noche, en Gestsemaní,
¡Cuántos sudores!, por mí,
sufriste desconsolado
los horrores del pecado
de insensata Humanidad
que se llena de maldad.
¡Que el ángel consolador
sea mi alma, Señor,
y te colme de bondad.
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42-La sagrada cena
¡Ay! Señor, que en este día,
de la semana, el más santo,
con tu cuerpo sacrosanto
hiciste la Eucaristía.
Eres alimento y guía.
Eres luz en el sendero,
el alimento primero
que fortalece mi alma,
inundándola de calma.
¡Bendito y dulce Cordero!
de la semana, el más santo,
con tu cuerpo sacrosanto
hiciste la Eucaristía.
Eres alimento y guía.
Eres luz en el sendero,
el alimento primero
que fortalece mi alma,
inundándola de calma.
¡Bendito y dulce Cordero!
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41-La entrada de Jesús en Jerusalén
En Jerusalén, Señor,
te recibieron con palmas
¡Qué bonitas son las almas
cuando están llenas de amor,
de dulzura y de candor!
Entraste, Señor, triunfante;
mas mi vergüenza se espante
al recordar la traición
que originó la pasión,
cuando te tengo delante.
te recibieron con palmas
¡Qué bonitas son las almas
cuando están llenas de amor,
de dulzura y de candor!
Entraste, Señor, triunfante;
mas mi vergüenza se espante
al recordar la traición
que originó la pasión,
cuando te tengo delante.
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40.D-Virgen del Rosario
Cascada de luz caía
sobre tu palio, en la tarde
como la llama que arde
en tu llanto de agonía.
Fue tanta la pena mía,
Madre Santa del Rosario,
que me trasladó al Calvario,
y mirándote a la ara
te recé en la tarde clara:
"Salve Virgen del Rosario"
A mi amigo Antonio Julián Marín García
sobre tu palio, en la tarde
como la llama que arde
en tu llanto de agonía.
Fue tanta la pena mía,
Madre Santa del Rosario,
que me trasladó al Calvario,
y mirándote a la ara
te recé en la tarde clara:
"Salve Virgen del Rosario"
A mi amigo Antonio Julián Marín García
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lunes, 18 de agosto de 2008
40.-Sale Montesion
Son las cinco de la tarde
cual misterios de un rosario,
cuando por la puerta ancha
de la capilla del barrio,
se encuadra la cruz de guía,
en tarde de Jueves Santo.
Hay bullicio en la plazuela,
plazoleta de los Carros,
esperando ver salir
a la Señora del barrio.
Van saliendo nazarenos
inquietos, pero pausados,
con sentir de penitencia
y bisbiceo en sus labios
de oraciones contenidas,
a través de todo un año.
Entre la gente se nota
algo que se va acercando,
y en la penumbra del templo
el "paso" Cristo avanzando,
hasta encuadrarse en la puerta
justo, medido, y...pensando.
Y la voz del capataz
ordena, con voz de mando:
"Que levamos al buen Cristo,
más tranquilo, menos paso"
Jesucristo está en la calle
y al Padre pide rezando:
"Que pase de mí este cáliz
si es posible Padre Santo;
pero si Tú me lo pides,
Padre, con amor lo acato"
En medio de aquel silencio
estallan palmas y llanto....
y una saeta que brota,
el aire sale cruzando
para clavarse en las manos
de Cristo, que va rezando.
De nuevo siguen saliendo
penitentes, sin retardo,
con angustia de pasión
y la visión de Calvario...
Y de pronto, en el dintel,
de tu capilla-sagrario,
aleteo de palomas
blancas, salen de tus manos,
anunciando que la Madre
se acerca a muy lento paso.
El pueblo se queda mudo,
el aire se hace pedazos
y en medio de esta mudez
solamente va sonando
al rozar de tus rosarios,
que van tiñendo en el cielo
notas que suben sonando
sones de campanilleros.
Ya está en el marco la Virgen
con sus manitas temblando,
con su cabeza inclinada
de angustia, por los pecados.
Pero de pronto, la Madre,
al ver al pueblo rezando
sonríe y recoge el manto
para mejor acercarse
a sus hijos y a su barrio.
Los aplausos del gentío
la reciben en sus brazos,
y la saeta se escapa
de unos varoniles labios
con sones deseguiriya
que al cielo suben sonando.
Ya se aleja por la calle
con su recogido manto
la Señora, más bonita
nuestra madre del Rosario.
cual misterios de un rosario,
cuando por la puerta ancha
de la capilla del barrio,
se encuadra la cruz de guía,
en tarde de Jueves Santo.
Hay bullicio en la plazuela,
plazoleta de los Carros,
esperando ver salir
a la Señora del barrio.
Van saliendo nazarenos
inquietos, pero pausados,
con sentir de penitencia
y bisbiceo en sus labios
de oraciones contenidas,
a través de todo un año.
Entre la gente se nota
algo que se va acercando,
y en la penumbra del templo
el "paso" Cristo avanzando,
hasta encuadrarse en la puerta
justo, medido, y...pensando.
Y la voz del capataz
ordena, con voz de mando:
"Que levamos al buen Cristo,
más tranquilo, menos paso"
Jesucristo está en la calle
y al Padre pide rezando:
"Que pase de mí este cáliz
si es posible Padre Santo;
pero si Tú me lo pides,
Padre, con amor lo acato"
En medio de aquel silencio
estallan palmas y llanto....
y una saeta que brota,
el aire sale cruzando
para clavarse en las manos
de Cristo, que va rezando.
De nuevo siguen saliendo
penitentes, sin retardo,
con angustia de pasión
y la visión de Calvario...
Y de pronto, en el dintel,
de tu capilla-sagrario,
aleteo de palomas
blancas, salen de tus manos,
anunciando que la Madre
se acerca a muy lento paso.
El pueblo se queda mudo,
el aire se hace pedazos
y en medio de esta mudez
solamente va sonando
al rozar de tus rosarios,
que van tiñendo en el cielo
notas que suben sonando
sones de campanilleros.
Ya está en el marco la Virgen
con sus manitas temblando,
con su cabeza inclinada
de angustia, por los pecados.
Pero de pronto, la Madre,
al ver al pueblo rezando
sonríe y recoge el manto
para mejor acercarse
a sus hijos y a su barrio.
Los aplausos del gentío
la reciben en sus brazos,
y la saeta se escapa
de unos varoniles labios
con sones deseguiriya
que al cielo suben sonando.
Ya se aleja por la calle
con su recogido manto
la Señora, más bonita
nuestra madre del Rosario.
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lunes, 11 de agosto de 2008
39.-La gota de mar
En el mar, una gotita
de agua, estaba jugando,
estaba alegre, saltando...
imitando a ser perlita
de una corona, engarzada
en las crestas de las olas
de tí mar, que la enarbolas
en tu danza inacabada.
Entretenida en el juego,
no se dio cuenta la gota
que el sol ardiente, que brota
la está envolviendo en su fuego.
Deja de ser lo que era,
agua líquida y salada...
ahora es agua evaporada que sólo subir espera.
La gota, que sube y sube,
ya no es gota de la mar,
pues ahora va a empezar
a ser agua de una nube.
Desde arriba ve la tierra,
ve los montes y los mares,
ve los blancos alminares...
ve el odio y ve la guerra.
El viento que sopla fuerte,
lleva la nube veloz,
viento que sopla feroz,
le va cambiando la suerte.
de pronto, la nube blanca
ha cambiado de color
y el rayo devastador
ha cruzado la barranca.
El frío la ha transformado
de nuevo, en gota de agua
que se escapa de la fragua,
que es el cielo encapotado.
La gota, que cae mansa,
corre por la tierra ardiente,
y en el correr, ella siente,
que de correr no se cansa.
La gota, que está en el río,
sigue en su camino largo,
camino dulce y amargo
del invierno y del estío.
La gota, en su caminar
ya se encuentra destrozada
y anhela la mar salada,
su cuna, su amplio hogar.
El buen río, que la ha oído,
ha frenado su bravura
y en la desembocadura
la besa y la ha despedido.
Ya ha vuelto la gota al mar,
ahora no juega, está atenta
porque el sol que la calienta
no la vuelva a evaporar.
de agua, estaba jugando,
estaba alegre, saltando...
imitando a ser perlita
de una corona, engarzada
en las crestas de las olas
de tí mar, que la enarbolas
en tu danza inacabada.
Entretenida en el juego,
no se dio cuenta la gota
que el sol ardiente, que brota
la está envolviendo en su fuego.
Deja de ser lo que era,
agua líquida y salada...
ahora es agua evaporada que sólo subir espera.
La gota, que sube y sube,
ya no es gota de la mar,
pues ahora va a empezar
a ser agua de una nube.
Desde arriba ve la tierra,
ve los montes y los mares,
ve los blancos alminares...
ve el odio y ve la guerra.
El viento que sopla fuerte,
lleva la nube veloz,
viento que sopla feroz,
le va cambiando la suerte.
de pronto, la nube blanca
ha cambiado de color
y el rayo devastador
ha cruzado la barranca.
El frío la ha transformado
de nuevo, en gota de agua
que se escapa de la fragua,
que es el cielo encapotado.
La gota, que cae mansa,
corre por la tierra ardiente,
y en el correr, ella siente,
que de correr no se cansa.
La gota, que está en el río,
sigue en su camino largo,
camino dulce y amargo
del invierno y del estío.
La gota, en su caminar
ya se encuentra destrozada
y anhela la mar salada,
su cuna, su amplio hogar.
El buen río, que la ha oído,
ha frenado su bravura
y en la desembocadura
la besa y la ha despedido.
Ya ha vuelto la gota al mar,
ahora no juega, está atenta
porque el sol que la calienta
no la vuelva a evaporar.
38.-Vamos a leer, Chonita
Ven Chonita para acá,
esta letra tan gordita,
con hinchada barriguita
esta, es la letra "a".
Y ahora ven otra vez,
esta de cabeza gorda,
que no es muda ni es sorda,
esta, es la letra "e".
Esta que tienes aquí
con un punto en la cabeza,
es una letra traviesa
que se le llama, la "i".
No te vayas, por favor,
que nos queda esta redonda,
muy gordita y muy boronda,
esta es la letra "o".
Casi acabamos, Jesús,
esta, de dos cuernecitos,
igual que dos bastoncitos,
esta es la letra "u".
Todas tienen gran salud,
y las damos ordenadas,
en fila están formadas,
decimos: "a,e,i,o,u".
esta letra tan gordita,
con hinchada barriguita
esta, es la letra "a".
Y ahora ven otra vez,
esta de cabeza gorda,
que no es muda ni es sorda,
esta, es la letra "e".
Esta que tienes aquí
con un punto en la cabeza,
es una letra traviesa
que se le llama, la "i".
No te vayas, por favor,
que nos queda esta redonda,
muy gordita y muy boronda,
esta es la letra "o".
Casi acabamos, Jesús,
esta, de dos cuernecitos,
igual que dos bastoncitos,
esta es la letra "u".
Todas tienen gran salud,
y las damos ordenadas,
en fila están formadas,
decimos: "a,e,i,o,u".
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