A la columna te ataron
cual inicuo malhechor.
¡Qué pena me das, Señor
cuando tu cuerpo azotaron
y hasta mis piernas temblaron!
Y Tú, pacible inocente,
sufriste ante tanta gente,
aquel placer del gentío.
¡Perdónalos, Cristo mío,
porque eres un Dios clemente.
jueves, 21 de agosto de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Acceder
|
Nueva Entrada
|
Configuración
|
Diseño
|
Edición HTML
|
Salir
No hay comentarios:
Publicar un comentario