Con las manos taladradas,
con clavos de duro acero
elevaron el madero,
y tus manos desgarradas
son las mismas, que elevadas
claman por mi perdón.
Tienes de Dios corazón
y le entregas tu clemencia
a esta rendida conciencia
Cristo de la Exaltación.
jueves, 21 de agosto de 2008
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