La calle de la Amargura
se hizo custodia aquel día
encerrando la agonía
de tu marcha sin premura.
Lo amargo hiciste dulzura,
lo oculto lo hiciste ver,
el odio, se hizo querer,
y tus pisadas sonaban,
y las piedras exclamaban:
¡Ay! Cristo del Gran Poder.
jueves, 21 de agosto de 2008
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