Eres como el seno, pozo,
de una mujer que amamanta,
eres la boca en la tierra
donde las palabras manan.
Eres símbolo de amor
de mujer samaritana.
En tu redondel, ¡oh pozo!
de paredes blanqueadas,
la lagartija verdosa
en tu blancura contrasta.
Aquí dormita el buen grillo
en la mañana rosada,
al terminar el concierto
de la noche ya pasada.
Muy cerca de ti se encuentra
¡oh pozo! que manas agua,
con su cansino chillar,
la monótona chicharra.
Las avispas, calurosas,
son bailarinas que danzan
con traje amarillo y negro,
buscando el frescor de tu agua.
El herraje que te ciñe,
es corona que te abarca,
una corona de verde,
verde color de esmeralda.
Allá en el fondo, de noche,
sobre tu espejo de plata,
la luna, en su coqueto,
en tu redonde se encuadra:
¡Pozo que guardas suspiros
de mujer enamorada!
En el fondo de tu seno,
agua transparente y clara,
donde se espeja la luna,
mujer de la madrugada.
jueves, 11 de febrero de 2010
sábado, 6 de febrero de 2010
86.- Una estación de pueblo
Ayer tarde disfruté
en una estación de pueblo.
Había una paz inmensa,
parecía un mundo nuevo;
los raíles de la vía,
con plateados reflejos,
dibujan paralelismos
de ideas idas y vueltas, de ensueño.
Un grupo de viejecitos,
que buscan el sol de enero,
algunos están sentados
en duro banco de hierro,
otros, contra la pared
tienen apoyado el cuerpo;
mas, todos hablan despacio
recordando en el recuerdo.
¡Quién sabe, sia lguno fue
maquinista o fogonero
de aquellos trenes,que antaño,
vomitaban humo negro.
En los árboles cercanos
los gorriones viajeros,
pían su piar cansino
al atardecer de invierno.
De pronto, en la lejanía,
un faro, como un lucero,
el "cercanías", que viene
por los caminos viajeros.
Ya no se escucha el bramido
de la máquina de fuego,
ahora llega silencioso,
casi, casi traicionero;
ya no rezuma vapor,
ahora casi frena en seco.
Automáticas las puertas,
de pronto, ya se ha abierto
bajan y suben de él,
sin pararse, muy ligeros.
De pronto, suena el silbato,
el tren ya está en movimiento
y tras la valla amarilla,
se va perdiendo a lo lejos.
El silencio ya retorna
a aquella estación de pueblo,
el sol ya va declinando
sus tenues rayos de invierno.
Ya todos los viejecitos
se van marchando muy lentos.
-¡Hasta mañana! Pascual-
-¡Adios! Manolín y Ernesto.
¿Vas a ir a la taberna?
Si vas, te espero allí dentro
cerca de la chimenea,
allí, muy cerca del fuego.-
De esta ritual manera,
ellos se van despidiendo.
Los gorriones del árbol
han dejado su concierto
y ahora ya acurrucaditos
tranquilos, se van durmiendo.
Ya está vacío y muy solo
el banco negro de hierro.
Ya está el andén solitario,
y el rumor de un viento hueco
traen del cercano campo
anuncios de un sueño nuevo,
porque el manto de la noche
la estación está cubriendo.
Ayer tarde disfruté
en una estación de pueblo.
en una estación de pueblo.
Había una paz inmensa,
parecía un mundo nuevo;
los raíles de la vía,
con plateados reflejos,
dibujan paralelismos
de ideas idas y vueltas, de ensueño.
Un grupo de viejecitos,
que buscan el sol de enero,
algunos están sentados
en duro banco de hierro,
otros, contra la pared
tienen apoyado el cuerpo;
mas, todos hablan despacio
recordando en el recuerdo.
¡Quién sabe, sia lguno fue
maquinista o fogonero
de aquellos trenes,que antaño,
vomitaban humo negro.
En los árboles cercanos
los gorriones viajeros,
pían su piar cansino
al atardecer de invierno.
De pronto, en la lejanía,
un faro, como un lucero,
el "cercanías", que viene
por los caminos viajeros.
Ya no se escucha el bramido
de la máquina de fuego,
ahora llega silencioso,
casi, casi traicionero;
ya no rezuma vapor,
ahora casi frena en seco.
Automáticas las puertas,
de pronto, ya se ha abierto
bajan y suben de él,
sin pararse, muy ligeros.
De pronto, suena el silbato,
el tren ya está en movimiento
y tras la valla amarilla,
se va perdiendo a lo lejos.
El silencio ya retorna
a aquella estación de pueblo,
el sol ya va declinando
sus tenues rayos de invierno.
Ya todos los viejecitos
se van marchando muy lentos.
-¡Hasta mañana! Pascual-
-¡Adios! Manolín y Ernesto.
¿Vas a ir a la taberna?
Si vas, te espero allí dentro
cerca de la chimenea,
allí, muy cerca del fuego.-
De esta ritual manera,
ellos se van despidiendo.
Los gorriones del árbol
han dejado su concierto
y ahora ya acurrucaditos
tranquilos, se van durmiendo.
Ya está vacío y muy solo
el banco negro de hierro.
Ya está el andén solitario,
y el rumor de un viento hueco
traen del cercano campo
anuncios de un sueño nuevo,
porque el manto de la noche
la estación está cubriendo.
Ayer tarde disfruté
en una estación de pueblo.
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Etiquetas:
estación,
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