jueves, 10 de julio de 2008

37.-El mar

Gran charco del Universo
eres mar, aquí en la Tierra.
Tu color indefinido
lo mismo es azul turquesa,
que de verde esmeraldino...
o gris en día de tormenta.
En tu seno, amplio mar,
la vida entera se asienta,
y a veces, también la muerte,
al marinero le acecha
Eres mimoso en la playa,
cuando las arenas besas,
y eres terrible y bravío
en las horribles galernas.
Eres un puente que une
a las separadas tierras,
y un abismo que separa
la alegría de las penas.
De día eres todo luz,
y de noche eres tiniebla.
¡Oh! mar cuando yo te miro
y admiro tu faz inmensa,
contemplo en ti al Creador
que con su poder te hiciera.

36.-La ermita

En lo alto de la sierra
se alza blanca la ermita,
donde la virtud dormita
regando de paz la tierra.
Los jarales y el tomillo
son sus jarrones de flores,
exhalando sus olores
en este altar tan sencillo.
Por la mañana han volado
la chillona golondrina,
vuela a quitarte la espina
al cristo desamparado.
el viento de la dehesa,
con aroma de romero,
es peregrino primero
que llega a , y te besa.
Eres ermita, una flor
que brindas al caminante,
la paz de un Cristo sangrante,
en su pena y su dolor.
Eres calvario y altar,
eres templo campesino,
que recoge al peregrino
cuando se para a rezar.
Eres bandera de amor
enarbolada en el viento,
eres paz, y no tormento
en el agudo dolor.
Eres la blanca paloma,
que en la sierra se levanta,
eres la casita santa
que entre las flores se asoma.

35.-La vereda

Como serpiente que avanza,
la vereda polvorienta,
en la campiña se asienta
y en los alcores se alza.
Eres sencillo camino,
con sueños de carretera,
eres la senda certera
que dirige al campesino.
Eres senda sinuosa
que se pierde en lontananza,
eres camino, que avanzas
en tu marcha silenciosa.
En invierno eres de lodo,
en verano polvoriento...
eres juguete del viento,
eres nada y eres todo.
Cuando te pierdes, vereda,
entre la juncia y la jara,
a mirarte a , se para
la luna, y en se queda.
Tu nacimiento, vereda,
se debe a los labradores,
que empapados en sudores,
caminan con marcha queda.
Vereda, que en serpentín,
te adentras en campo limpio,
he sabido tu principio
pero no sabré tu fin.

miércoles, 9 de julio de 2008

34.-A la Virgen de los Reyes

Entre nardos perfumados,
una mañana agosteña,
Virgen de la tez trigueña,
te vimos embelesados.
Eres, cual la flor sencilla,
que brota de la humildad,
apártanos de maldad,
¡oh! Patrona de Sevilla.
Como inmaculada flor
te alaban los sevillanos,
alzando hacia ti las manos
implorantes de tu amor.
En tu regazo materno,
llevas a Cristo, que se ha entregado,
para vencer al infierno.
Cuando te vemos pasar,
rodeada de esplendor,
se hace mayor tu candor,
y empezamos a rezar.
La Giralda, en este día,
lanza al viento sus campanas
tocando por sevillanas
para mostrar su alegría.
El Sol, al amanecer,
besa tu rostro divino,
alumbrándote el camino
que tú quieres recorrer.
Las palomas, en su vuelo,
escoltan tu gracia plena,
y en tu mirada serena
vemos un trozo de cielo.
Los códigos y las leyes,
de la Tierra no son nada
cuando vas entronizada
madre mía de los Reyes.

33.-El toro

Cuatro columnas de acero
sostienen tu cuerpo erguido,
¡la vaca que te ha parido
no pudo hacerte más fiero!
Tu testuz se alza enhiesta
oteando el horizonte,
como dueño de este monte
y guardián de la cuesta.
Tus pitones son puñales
que van iriendo la brisa,
y se desgarra sumisa,
en medio de los eriales.
Cuando lanzas el mugido
buscando pelea noble,
de terror se llena el roble
al mirarte enfurecido.
Allá a lo alto del monte
has subido pendenciero,
buscando a otro toro fiero
que señala el horizonte.
Cuando lo tienes delante,
dibujado en el trasluz
te lanzas con tu testuz
dejando huella sangrante.
De nuevo acometes fiero,
chocando entre sí los cuernos,
pareciendo dos infiernos,
las cuatro astas de acero.
Cuando acometes furioso,
aquel toro malherido,
en el campo se ha perdido,
y tú te alzas victorioso.
Lanzando un mugido airoso,
con la testa levantada,
proclamas a la manada
que eres el más poderoso.

32.-La goleta perdida

Por los caminos del mar
navega un barco de espuma,
que aparece con la bruma
y se pierde al clarear.

Su casco es negro charol,
sus velas color de nube,
un barco que baja y sube,
con un rojizo farol.

Se habla entre los marineros,
que una noche borrascosa,
una goleta garbos
se perdió con tres veleros.

Los veleros regresaron
a los pilares del puerto,
y un final negro e incierto,
de la goleta contaron.

En los días de tormenta,
cuando la bruma se crece,
la goleta se aparece
entre la espuma, muy lenta.

Se cuenta algún pescador
que al regresar, en la bruma,
ha visto el barco de espuma
con quejidos de dolor.

La goleta silenciosa,
en su lento navegar,
sirve de faro en la mar,
entre la niebla engañosa.

Los días de claro mar
no aparece la goleta,
la espuma se queda quieta
y el mar deja navegar.

Goleta que no volviera
a tu puerto de partida,
eres, en la bruma, vida
de la mente marinera.

31.-La barca

Barca que estás en la arena
casi destrozada y rota,
durmiendo sueños de antaño,
cuando, como una señora,
te adentrabas en la mar
deslizandote en las olas.
Barca que yaces dormida,
olvidada en tu carcoma,
cuántas veces navegaste,
sirviéndote de corona
a las espumas del mar,
que ahora te besan mimosas.
Tú, que has sentido el cantar
de sirenas engañosas,
ahora solamente escuchas
rachas de brisas burlonas.
Eres como aquel doncel,
que acompaña a la corona
con sueños de caballero,
con ansias de vida hermosa...
y que ha pasado su vida,
pendenciera y amorosa,
y ahora está rendido y roto
olvidado en la poltrona.
Barca que fuistes ligera,
deslizante y bulliciosa,
tu quilla, que rompió el mar,
ahora está podrida y rota.
¡Cuántas barcas, en la vida
como tú, se encuentran solas,
que en tiempo dejuventud
fueron grandes, poderosas,
y ahora están olvidadas
en su vejez espantosa.

martes, 8 de julio de 2008

30.-El faro

como un gigante altanero
te levantas en la costa,
con tus ojos de libélula
acechante entre las olas,
que avanzan de mar adentro
y furiosas, en a costa,
por abrazar a la tierra,
se rompen y se destrozan.
Tú, siempre sigues erguido,
esudriñando en la sombra,
con brazos de luz, abiertos,
que atraen a las gaviotas;
palpan la oscura penumbra
buscando, en la niebla rota,
un barco, que a la deriva
ansioso busca la costa.
tú no eres, faro, de piedra,
donde las olas se agolpan,
eres de fe y esperanza,
eres deseo que brota
en medio del bosque negro,
que forma el mar con sus olas.
¡Cuántos ojos angustiados
te han buscado en la zozobra!
Cuántas madres, en la noche
te están contemplando, ansiosas,
esperando que tu luz,
en la noche tormentosa,
rompa la oscura negrura
y retorne hacia la costa,
al hijo que se embarcó
y que a su casa retorna,
¡Faro, que brotas erguido,
de esperanza luminosa!

29.-La libertad

Yo algún día creí en la libertad,
sin querer ver la prisión de la vida
que te muestra, tu libertad perdida,
en el fango del odio y la maldad.
Ya no añoro mi juventud perdida
en el olvido y en la oscuridad,
sólo creo que existe la bondad
del Eterno Dios, que jamás olvida
que libre te creó en el nacimiento,
te has esclavizado por el pecado
dejándote perder por un momento
de placer, que el vicio a ti te ha ofrendado.
de tu deseo de ser deseado.

28.-A la muerte

¡Cuánto temor sentimos a la muerte!
que inexorable nos está acechando,
paciente, pero atenta y esperando,
y con su certero zarpazo fuerte
aniquila la vida, que gozando,
nos parece sentir que es nuestra suerte,
olvidando que esta vida es inerte,
y que al morir aquí, se está empezando
a vivir esa nueva vida eterna
donde todo es paz y todo es sublime,
donde no hay tormenta ni la galena
sopla, sino que el Dios que te redime
hace que en , su dulzura se cierna.
¡Que la muerte no te rinda, te anime!

27.-Desesperanza

Por las sendas sinuosas de la vida
me encuentro, en tal laberinto perdido,
mi pasado se pierde en el olvido
mi presente, antes de nacer se olvida.
El fruto es quimera que he sentido
como aguijón, que en mi alma malherida
muriendo antes de llegar a la vida
en mi ansia por sentir lo que no ha sido.
El mostruo de la desesperación
se apropia de mi mente atormentada;
pero a mi Dios me aferro con pasión
en mi lucha interna y desesperada,
y al Padre Eterno lanzó mi oración
y trasplante, en mí, su esperanza ansiada.

26.- Ansiedad

Hambriento camino por este mundo
lleno de rencor y de ingratitud,
no puedo aún medir la magnitud,
del pesar que yo siento en lo profundo;
pues es tanta la amargura y acritud
que aunque vivo, me siento moribundo,
ya que mi ser es un ser vagabundo
que avanza raudo hacia la senectud.
Mis ojos se van volviendo vidriosos,
cansados de buscar lo que no existe,
la belleza y los trastos amorosos.
Pero Dios, que en mi congoja me asiste
hace más livianos los escabrosos:
el pensar morboso, que en mí persiste.

25.-El cortijo

El manto negro del cielo
bordado de estrellas blancas,
se aclara con luz de aurora
y las estrellas se apagan,
anunciando el nuevo día
de la sierra sevillana.
El gallo, reloj de campo,
entonando la alborada,
lanza a los cielos su canto
de garganta desgarrada.
Allá, entre los olivares,
con cuatro paredes blancas,
el cortijo va surgiendo
con la aurora blanqueada,
como paloma de paz
de alas blancas, muy blancas.
El cortijo, señorito
de nuestra tierra serrana
va despertando del sueño
con ilusión de labranza.
Sus ojos se van abriendo,
ojos de verdes ventanas,
y en la blanca chimenea
el humo al cielo se alza.
En la cuadra, ya las mulas,
reciben buenas brazadas
de paja, de rico grano,
de la refrescante alfalfa.
Los perros, que en el cortijo,
son de presencia forzada,
se despezan, alargan,
corren, brincan y ladran.
Las gallinas cacarean
la maternidad frustrada.
Las cabras, en el corral,
las cabriolas ensayan,
y las ovejas, tozudas,
fábricas de rica lana,
con balidos de quejumbre
rebullen en la majada.
La golondrina chillona
rodea la blanca casa,
y los grillos de la noche
enmudecen su sonata.
Todavía, en el arroyo
croan alegres las ranas
y un trasnochador mochuelo
cruza la verde enramada
buscando el hueco del árbol
que le sirva de morada.
Notas extrañas son éstas
de composición extraña,
que ha compuesto la Natura
en la sierra sevillana.

El cortijo, al medio día,
es distinto a la mañana.
Aquel bullir de la vida
se hace sonata cansada.
El sol rebulle en la cal
de paredes blanqueadas,
los perros duermen la siesta
a la sombra de la parra.
Las avispas, en las uvas,
practican ancestral danza,
y en las ramas de la encina
la reventona chicharra
forma monótona orquesta
de batuta acompasada.
El cortijo está dormido
con ton soñolienta nana,
mientras que el sol se derrite
sobre las paredes blancas.

En el cortijo, la tarde,
se hace cada vez más larga.
Ya se ha cansado el sonido,
la sinfonía es callada...
sólo se oye a lo lejos,
entre el murmullo del aura,
las campanas y cencerros
de la vuelta a la majada,
Las mulas vuelven deprisa
soñando en la ansiada cuadra
porque presienten, ya cerca,
el final de la jornada.
Los perros corren delante,
con el rabo entre las patas,
también vuelven soñolientos,
puesto que apenas si ladran.
Las sombras de los olivos
cada vez se hacen más largas,
y en el horizonte azul
el sol se hace naranja.
De pronto, la luz rojiza
se va convirtiendo en parda.
Las chicharras reventonas
enmudecieron, no cantan,
y en las piedras del arroyo
están charlando las ranas
las cosillas, que aquel día,
han sucedido en la charca.

La noche envuelve al cortijo
con manto de negra gasa.
Ya se han dormido los perros,
todavía alguno ladra
asustando del silencio
y le crujir de la enramada.
En las tapias del cortijo,
y en el poyo de la entrada,
un coro de negros grillos,
con monótona sonata,
llenan la paz de la noche
con notas acompasadas.

24.-Los pueblos serranos de Cádiz

Cual bandada de palomas
que hacia el cielo se levantan,
son los pueblecitos blancos
de la sierra gaditana.
El blanco de las paredes
de sus casas encaladas,
encierra la piel curtida,
por el sol de la labranza,
de su gente laboriosa,
de labor inacabada.
El sol, con su luz de vida,
hace más blancas sus casas,
que con el verde romero,
con el tomillo y la jara,
han forjado la bandera
andaluza y milenaria.
La luna los ilumina
con su luz clara, muy clara
haciéndolos resaltar
de la oscura madrugada,
acompañando a los duendes
que salen en sus moradas.
¡Oh! pueblecitos de Cádiz,
de mi sierra gaditana,
que si no he nacido en ella,
los llevo dentro del alma.

23.-La niña ciega

Un mundo negro y sin luz
envuelve a la niña ciega,
la niña de ojos de cielo
donde la luz no penetra.
La luz clara, en sus pupilas,
solamente se refleja,
no se atreve a penetrar
en su mundo de tinieblas.
¡Qué pena me da la niña,
niña de mirada incierta!
La niña que no conoce
el brillo de las estrellas,
el rojo de la amapola,
el verde de la pradera,
el amanecer de un día
diáfano de primavera.
¡Qué pena me da la niña,
niña de mirada incierta!
La niña que no conoce
el color azul turquesa
del mar, que en los arrecifes,
espumoso se blanquea.
La niña que nunca vió
cómo la alondra se eleva
o cómo se oculta el sol
en la tarde marinera.
¡Qué pena me da la niña,
niña de mirada incierta!

Parece que ha adivinado
que a mí me envuelve la pena,
y con su voz cristalina
me dice: "Yo no soy ciega.
Yo poseo un mundo propio
de innumerables bellezas.
Bellezas que no se mustian,
bellezas que son eternas.
Un mundo, donde no hay alba,
pero el ocaso no llega"

Ya no me das pena, niña,
porque tener, yo quisiera,
esa alegría que tienes
en medio de tantas penas.
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