Hambriento camino por este mundo
lleno de rencor y de ingratitud,
no puedo aún medir la magnitud,
del pesar que yo siento en lo profundo;
pues es tanta la amargura y acritud
que aunque vivo, me siento moribundo,
ya que mi ser es un ser vagabundo
que avanza raudo hacia la senectud.
Mis ojos se van volviendo vidriosos,
cansados de buscar lo que no existe,
la belleza y los trastos amorosos.
Pero Dios, que en mi congoja me asiste
hace más livianos los escabrosos:
el pensar morboso, que en mí persiste.
martes, 8 de julio de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Acceder
|
Nueva Entrada
|
Configuración
|
Diseño
|
Edición HTML
|
Salir
No hay comentarios:
Publicar un comentario