martes, 8 de julio de 2008

23.-La niña ciega

Un mundo negro y sin luz
envuelve a la niña ciega,
la niña de ojos de cielo
donde la luz no penetra.
La luz clara, en sus pupilas,
solamente se refleja,
no se atreve a penetrar
en su mundo de tinieblas.
¡Qué pena me da la niña,
niña de mirada incierta!
La niña que no conoce
el brillo de las estrellas,
el rojo de la amapola,
el verde de la pradera,
el amanecer de un día
diáfano de primavera.
¡Qué pena me da la niña,
niña de mirada incierta!
La niña que no conoce
el color azul turquesa
del mar, que en los arrecifes,
espumoso se blanquea.
La niña que nunca vió
cómo la alondra se eleva
o cómo se oculta el sol
en la tarde marinera.
¡Qué pena me da la niña,
niña de mirada incierta!

Parece que ha adivinado
que a mí me envuelve la pena,
y con su voz cristalina
me dice: "Yo no soy ciega.
Yo poseo un mundo propio
de innumerables bellezas.
Bellezas que no se mustian,
bellezas que son eternas.
Un mundo, donde no hay alba,
pero el ocaso no llega"

Ya no me das pena, niña,
porque tener, yo quisiera,
esa alegría que tienes
en medio de tantas penas.

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