Cascada de luz caía
sobre tu palio, en la tarde
como la llama que arde
en tu llanto de agonía.
Fue tanta la pena mía,
Madre Santa del Rosario,
que me trasladó al Calvario,
y mirándote a la ara
te recé en la tarde clara:
"Salve Virgen del Rosario"
A mi amigo Antonio Julián Marín García
miércoles, 20 de agosto de 2008
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