miércoles, 20 de agosto de 2008

43-La oración en el huerto

¡Ay! mi Dios arrodillado,
de noche, en Gestsemaní,
¡Cuántos sudores!, por mí,
sufriste desconsolado
los horrores del pecado
de insensata Humanidad
que se llena de maldad.
¡Que el ángel consolador
sea mi alma, Señor,
y te colme de bondad.

No hay comentarios:

Acceder | Nueva Entrada | Configuración | Diseño | Edición HTML | Salir