jueves, 21 de agosto de 2008

59-Encuentro con la Verónica

Casi roto y sudoroso,
vacilante y dolorido
por la pena y el olvido.
Tú, que eres lo más hermoso,
nadie se atreve con gozo
a enjugar tu rostro santo.
¡Cuánto me aterra el espanto!
al ver tu rostro estampado
en el paño, que ha enjugado
las lágrimas de tu llanto.

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