En el mar, una gotita
de agua, estaba jugando,
estaba alegre, saltando...
imitando a ser perlita
de una corona, engarzada
en las crestas de las olas
de tí mar, que la enarbolas
en tu danza inacabada.
Entretenida en el juego,
no se dio cuenta la gota
que el sol ardiente, que brota
la está envolviendo en su fuego.
Deja de ser lo que era,
agua líquida y salada...
ahora es agua evaporada que sólo subir espera.
La gota, que sube y sube,
ya no es gota de la mar,
pues ahora va a empezar
a ser agua de una nube.
Desde arriba ve la tierra,
ve los montes y los mares,
ve los blancos alminares...
ve el odio y ve la guerra.
El viento que sopla fuerte,
lleva la nube veloz,
viento que sopla feroz,
le va cambiando la suerte.
de pronto, la nube blanca
ha cambiado de color
y el rayo devastador
ha cruzado la barranca.
El frío la ha transformado
de nuevo, en gota de agua
que se escapa de la fragua,
que es el cielo encapotado.
La gota, que cae mansa,
corre por la tierra ardiente,
y en el correr, ella siente,
que de correr no se cansa.
La gota, que está en el río,
sigue en su camino largo,
camino dulce y amargo
del invierno y del estío.
La gota, en su caminar
ya se encuentra destrozada
y anhela la mar salada,
su cuna, su amplio hogar.
El buen río, que la ha oído,
ha frenado su bravura
y en la desembocadura
la besa y la ha despedido.
Ya ha vuelto la gota al mar,
ahora no juega, está atenta
porque el sol que la calienta
no la vuelva a evaporar.
lunes, 11 de agosto de 2008
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