Ante Herodes te llevaron
dolorido y ultrajado
y te viste despreciado.
Tu túnica te cambiaron,
tu nombre pisotearon
y te mantuviste recio,
con soberano silencio
las preguntas del tetrarca.
No hablaste, como en la barca.
¡Ay! Señor, ¡cuánto desprecio!
miércoles, 20 de agosto de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Acceder
|
Nueva Entrada
|
Configuración
|
Diseño
|
Edición HTML
|
Salir
No hay comentarios:
Publicar un comentario