Por entre los olivares,
con luz de luna blanca,
un torerillo valiente
cruza raudo la alambrada.
Allá a lo lejos, se oye,
entre la noche callada,
una sinfonía de grillos
de inacabable sonata.
Aquel sonar, al chaval
con su hatillo a la espalda,
le parecen los clarines
de tan añorada plaza.
....
Entre los troncos torcidos
ya vislumbra la manada.
Se acerca lento, despacio...
como si fuera un fantasma.
Se fija en el toro negro,
Zaino, de cuerna blanca;
y apartándolo de todos
lo aleja de la manada.
El toro se queda quieto
con soñolienta mirada
y el chaval, con luz de luna
que le ilumina la cara,
se va acercando hacia el toro
con muleta desplegada.
La luna, que desde arriba,
en los tendidos, se espanta
al ver aquel chavalillo
pidiendo lucha enconada
al toro, que lo remira
con la testa levantada.
El chaval, que sueña y sueña,
lo llama con voz de plata,
y el toro negro zaíno,
con la cornamenta blanca,
se arranca y busca al chaval
con cara de luna blanca.
Un soberbio estatuario
templa la larga arrancada,
y después dos naturales,
y un redondo y una larga,
y un molinete florido,
echándose el trapa a la espalda.
El chaval, en su ilusión,
está escuchando las palmas
que las estrellas le brindan
desde lejana andanada.
El torerillo, borracho
y enloquecido de fama,
no se da cuenta que el toro
de nuevo hacia él se arranca.
De pronto, la noche azul
se ha parado en la enramada
cuando el pecho del chaval
se tiñe de sangre clara
y la luna, que era blanca,
ahora se vuelve morada,
y los grillos del regajo
se callaron...ya no cantan.
Y el toro negro zaíno
de la cornamenta blanca,
ya la tiene enrojecida
de color de sangre clara.
....
El torerillo, en el suelo,
ya no sueña con la plaza,
ya su mirada vidriosa
busca la luna blanca,
que entre las nubes se esconde
para no verle la cara.
Aquel chaval torerillo
que ser torero soñaba,
ya no sueña...ya lo es
en una celestial plaza
con los tendidos de nubes
y barreras encaladas.
Allá, en lo alto del cielo,
un serafín le entregaba
los trastos para matar,
cuando el chaval expiraba.
....
¡Qué pena de torerillo!
¡Qué pena a nadie le daba!
Un trapo roto y rojizo
le ha servido de mortaja.
viernes, 25 de enero de 2008
8.-El Torerillo
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