viernes, 25 de enero de 2008

7.-La estrella peregrina

En el cielo sevillano
una rutilante estrella
se asomaba, entre las nubes,
para ver lo que pasaba
en esta bendita tierra.

La estrella quedó asombrada
porque en la calle Pureza,
de este barrio trianero,
en una capilla nueva,
con recuerdos de pasión,
blanca de sal marinera,
la Madre de Dios moraba
con la advocación, tan bella,
de ser Madre y Esperanza,
¡Esperanza trianera!
...
La estrella, allá en el cielo,
de la tarde primavera,
la vio salir de Triana
como la gran Madre buena
esperando que Sevilla
de noche la devolviera
con sus sienes coronadas
de la corona de Reina.
....
La corona te la han hecho
¡Señora guapa y morena!
con el sentir amoroso
de las madres trianeras,
con el suspiro callado
de una niña casadera,
con el estilo garboso
de una Triana señera.
....
Y aquella estrella, de pronto,
bajó rauda hasta la tierra
y se quedó engarzada,
cual la más preciada perla,
en la corona de oro,
de alegrías y penas.

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