La luz azul de la noche,
de pronto se hizo tinieblas
y las sombras mortecinas
rebullen por las callejas.
Allá, a lo lejos, se oye
el silencio de la pena,
el murmullo de las flores,
el temblor de una saeta,
el aleteo de un ave,
chisporreteo de velas,
bisbiceo de oraciones,
compás de pisadas lentas,
latidos de corazones…
Y la contenida queja
de Dios, que camina cerca.
La luna, con luz de plata
se asoma en las azoteas
para ver, entre las sombras,
la sombra del que se acerca.
Encorvado por el peso
de nuestros pecados, llega
el Señor del Gran Poder,
con poder de vida nueva;
con labios de lirio mustio
y con mirada serena.
Ya se acerca el Gran Poder,
ya lo siento en las tinieblas
el resbalar, en la cara
de una lágrima candela.
Tu figura, gran Señor,
en los cristales se espeja
de unos ojos, que angustiados
adivinan tu presencia.
Ya estás ante mi, Señor,
¡qué dicha la que me llena!
¡qué repelucos de fiebre!
¡qué ardor llena mis venas!
Ya te poseo, Señor,
ya mi ansia se serena
con el aroma de sangre
que el alba trae de la sierra.
Algunas veces Señor,
quisiera tenerte cerca…
pero el peso de tu cruz
me hace temblar, me aterra,
me hace vacilar la fe
que hace años Tú me dieras;
pero, Señor, no te vayas,
y esa fe, que en mi vacila,
se haga fuerte, de piedra.
Ya se aleja el Gran Poder
por esta oscura calleja,
oscilante, tembloroso,
pisando la aurora fresca,
dejando tras su camino,
una llama que renueva
en mi alma pecadora,
un álito de vida nueva.
viernes, 25 de enero de 2008
12.-El Gran Poder por la calle Gravina
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Unknown
Etiquetas:
Gran Poder,
Gravina
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