Tengo en mi casa un cuadro
de la Virgen del Carmen.
Cuando lo miro y rezo,
a la bendita Madre,
siento hallarme en el Cielo
con un gran coro de ángeles.
Con el Niño, entre sus brazos,
que es la Luz de su carne,
y que trajo a este mundo,
para poder salvarme.
A este mundo de envidias,
de odios, de horror y de hambre,
de no saber querer,
de no intentar salvarse.
Por eso, en mis plegarias
a la Virgen del Carmen,
le pido que me enseñe
como enseña una madre,
a saber perdonar
al que me dañe y amarle;
al que me pide pan
yo sepa aplacar su hambre;
al que perdón me pida,
yo saber perdonarle.
Por eso, cuando rezo
a la Virgen del Carmen,
le pido, que su Niño
me perdone y me salve.
lunes, 15 de septiembre de 2008
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