Cuando esta mañana, ante Dios, rezaba,
pidiendo por el descanso de su alma,
comprendí que al fin hallaste la calma
que la sociedad toda, te negaba.
Ya estarás con la que tan bien te amaba,
aquella madre, que su amor enpalma,
con ese amor que le brota del alma,
ese amor que de niño te mimaba.
¡Cuánto habrás padecido en esta vida
de incomprensiones y de orgullos, llena!
¡Cuán honda y dolorosa fue tu herida!
¡Cuánto nos horroriza, aquí, la pena!
pero al fin llegaste a la plaz pedida,
esa paz ansiada, pedida y buena.
martes, 23 de septiembre de 2008
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